En realidad, todo el mundo lo conoce como Pagus. Me parece bien que tengan un nombre tan historiado, pero luego las cosas son mucho más simples. Que no malas.

Un local bien ambientado, agradable y nada ruidoso. La cocina está a la vista de todo el mundo. El servicio es atento y rápido.
He comido en diversas ocasiones en este restaurante. Siempre carne. Muy buena. Unas veces hecha de manera excelente y, otras, no tanto. El producto es realmente bueno. No sé si realmente me han servido carne de raza podólica o raza chianina, porque nadie ha venido a explicarme nada. Hecho de menos que me den un poco de historia, como hacen en su web.

En esta última ocasión he comido, de entrada, una lasaña de berenjena y carne muy sabrosa. En realidad me ha recordado mucho las musakas que he comido en Grecia.

Cuando llegas, te reciben con un recipiente que contiene rodajas de panes tostados variados, mantequilla con sal estupenda y unas aceitunas que suponemos calabresas, manifiestamente mejorables (sobre todo por aceitunas españolas).

Después he pedido una picanha o picaña. Buenísima de sabor, pero, en mi opinión, mal asada. Hay que recordar que la picaña es un corte brasileño. Y ese corte está pensado para ser cocinado en churrasqueira. Esto quiere decir que, para conseguir un producto óptimo, debe ser cocinado a cierta distancia de unas brasas bien calientes.
La carne que me han servido tenía un sabor excelente, pero se había cocido un poco porque el calor no era suficiente.

La picaña la he acompañado de unos pimientos asados por un lado y, por otro, unas patatas que parecían medio cocidas medio asadas. Excelentes ambas cosas.

En otras ocasiones he comido otros cortes que han sido cocinados de manera excelente (solomillos, cadera, etc.). En este caso no ha sido así.
Tienen una extensa carta de pastas que no he degustado aún. Volveré a probar.
Pagus está en la calle Padilla 56, Madrid. El precio ronda los 60€ por persona.



0 comentarios