
Así se definen en este establecimiento que componen dos hoteles y dos restaurantes. Es un complejo bonito, bien cuidado, con muchas opciones (también incluye un bar con terraza cuando el buen tiempo asoma en la temporada) para eventos, actos sociales y corporativos, etc.

De las opciones que ofrece, en nuestro caso sólo hemos podido conocer el Hotel El Rancho (4 estrellas) y el restaurante El Rancho de la Aldegüela, del que hablaremos en otro post.
El hotel tiene 50 habitaciones, de las que cuatro son suites con terraza. Nos hemos alojado en una de esas cuatro. Muy bien. Muy agradable, con todo tipo de detalles y con una calefacción adecuada a la provincia de Segovia en invierno).

La estepa segoviana desde nuestra terraza de la habitación, con una niebla muy densa.

El mismo paisaje sin niebla.

Los tejados de Torrecaballeros desde el Hotel El Rancho.
Sólo puedo mostraros fotos del exterior de la suite, porque las del interior -por algún motivo que desconozco- no las encuentro.

Es un gran hotel. Te sorprende que se encuentre en una pequeña localidad como Torrecaballeros, algo que después comprendes, viendo las distancias tan cortas que hay a la ciudad de Segovia, al Palacio de la Granja de San Ildefonso y otros puntos de interés.
Nada más entrar al hotel, percibes que el establecimiento tiene su encanto. Quizás también su embrujo, cuando caminas por los silenciosos pasillos hasta llegar a tu habitación o desde la misma a alguno de sus salones.
La paredes de los pasillos tienen un cierto sabor a hotel como el de la película «El Resplandor», con fotografías de principios del siglo XX, cuando alguien relacionado con el hotel (por el motivo que sea y que desconozco) viajó por lo que entonces se conocía como China, Indochina y Cochinchina. Multitud de fotos de personajes de la realeza de esos lares. Algunas de ellas dan la impresión de mucha cercanía con quien hizo las fotos.



Dentro de los diversos salones, terrazas y otras opciones, quiero destacar el salón del piano-bar. Precioso, acogedor, con piano -claro- y con un barman educadísimo y absolutamente neutro (como en «El Resplandor», me pareció). Aunque, había también otro integrante del equipo del hotel absolutamente encantador. Si sabes, puedes tocar el piano y deleitar o molestar a los presentes.

Y a destacar también los desayunos. Muy bien surtidos, muy bien servidos y muy bien atendidos. El salón de los desayunos con vista al exterior es de lo más agradable, incluso en el triste invierno de las llanuras castellanas.


Este hotel me ha gustado mucho. No es barato, pero es muy agradable. Un lugar tranquilo, lejos del ruido de las ciudades grandes o pequeñas. Lo recomiendo.



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