A escasos kilómetros del centro de Murcia, Llano de Brujas conserva la esencia de la huerta tradicional murciana. Esta pedanía, rodeada de limoneros, naranjos, acequias y caminos rurales, ofrece al visitante un paisaje donde la agricultura sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana y donde todavía es posible descubrir el carácter más auténtico de la Región de Murcia.
Su historia resulta especialmente curiosa. A diferencia de otras zonas de la huerta, Llano de Brujas permaneció durante siglos prácticamente despoblado debido a los humedales y marjales que provocaban las frecuentes inundaciones del río Segura. No fue hasta el siglo XVII cuando comenzaron las labores de desecación y acondicionamiento del terreno, permitiendo el asentamiento de familias de agricultores que transformaron aquellas tierras en fértiles campos de cultivo.
El núcleo urbano fue creciendo alrededor de una pequeña ermita y, en 1877, se constituyó la parroquia de la localidad, dedicada a la Virgen de las Lágrimas. Desde entonces, Llano de Brujas ha evolucionado sin perder su estrecha vinculación con la huerta y sus tradiciones.
Uno de los mayores atractivos de la pedanía es recorrer sus carriles rurales, donde aún se conservan viviendas tradicionales de huerta, acequias centenarias y pequeños rincones de gran belleza, como el Rincón de San Antón. Este enclave invita a pasear entre jardines, flores y antiguas construcciones agrícolas que evocan la Murcia de otros tiempos.
La gastronomía constituye otro de sus grandes reclamos. En los restaurantes y ventas de la zona pueden degustarse especialidades como el zarangollo, los michirones, el arroz con conejo, los embutidos artesanos o las tradicionales paparajotes, elaborados con productos procedentes de la propia huerta.
Y es en esto en lo que queremos referir la existencia de un restaurante: Arrocería La Casona. Es considerado por muchos como uno de los mejores restaurantes de arroces de Murcia capital y alrededores de la huerta.
Y, desde mi humilde blog, tengo que decir que, efectivamente es reseñable el establecimiento por varios motivos.
Es cierto que, para comer un arroz con conejo y caracoles, te tienes que someter a un menú cerrado. Pero, también es cierto que lo que incluye el menú es muy bueno y más que suficiente si, después, quieres tener ganas de comer todo el arroz que sirven en la «paellera» (sí, ya sé que para los valencianos eso es usar un término erróneo, pero la mayor parte de España compra paelleras cuando quiere el cacharro en el que se cocina el arroz, sea paella o no).

Te reciben con total cordialidad y simpatía, algo muy de la tierra murciana. El restaurante dispone de varias ubicaciones donde comer, aunque creo que la más recomendable es el salón principal que, a parte de ser cómodo, tiene un aire acondicionado perfecto. Algo que en Murcia en estas fechas se agradece mucho.

No obstante dispone de una barra externa que puede ser usada por la noche si cae la fresca. Tienen una zona de terraza también y una carpa. Es decir, espacio de sobra.

Hay un gran aparcamiento propio para los clientes con una amplia explanada que puede acoger los vehículos el día de mayor afluencia de clientes.
Pero, volvamos sobre la comida. Os cuento la parte de los entrantes:

Primero, una ensalada fría de pimientos asados con leña cortados en trocitos muy pequeños y bacalao salado en tacos. Jugoso, delicado y fresco. Una primera entrada muy agradable, dado el día que hacía en Murcia.

A continuación, unos bocados de ensaladilla rusa. Como ya os he comentado en alguna ocasión la mejor ensaladilla rusa de España se hace en Murcia. Ésta no desmerece en absoluto.

Un plato ligero a compartir de embutidos de la zona, que incluía tocino vetoso de cerdo blanco adobado con pimentón de Murcia cortado en finas tiras, lomo de tabla (una costumbre muy de Murcia y Granada) adobado con pimentón de Murcia también y tacos de salchicha seca al estilo de la huerta murciana. Bueno, algo de queso también.

Todo esto acompañado de una torta de pan con aceite, un bol con sobrasada murciana (que está tan buena como la mallorquina) y otro bol (un morterito) con «ajo» (la forma abreviada en la que conoce el alioli en Murcia, realmente es la simplificación de «ajoaceite» en castellano).

Como colofón de los entrantes, unos huevos rotos con patatas fritas y ajos tiernos (ajetes) y pimentón. Creo que se podría considerar excesivo. No obstante, esto es muy de la tierra. No sólo son abundantes las raciones en el norte de España.

Antes de pasar al plato principal nos dijeron varias veces que podíamos repetir cualquier entrante las veces que quisiéramos. Evidentemente, no hicimos tal cosa, porque nuestro objetivo era el arroz con conejo y caracoles.
En este restaurante hacen el arroz y conejo con caracoles en fuego de leña. Pero, la particularidad es que la leña es sarmiento de vid. Esto le da al arroz un aroma especial, diferente a cualquier otra forma de cocinarlo.

En cuanto a la opinión sobre el arroz es que es realmente bueno. Creo que sí se le puede considerar uno de los mejores de la zona.
Personalmente, creo que, además de estar muy rico, tiene una característica de sabor: me recuerda los arroces de la huerta en mi infancia y juventud. Los arroces de la huerta no saben como los del campo. Ni mejores ni peores. Pero, cuando los has probado, podrías diferenciarlos con los ojos cerrados.
Como se puede ver, se trata de un arroz fino, sin caldo pero con el grano jugoso en su punto. Ese color tan amarillo es típico de los arroces de la huerta de Murcia. Si os fijáis, los arroces de campo de la zona son más oscuros.
Una maravilla. Precio por persona 37€. Más que recomendable.



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