Visitar un mercado de barrio, conocido en Italia como mercato rionale, es una de las mejores formas de descubrir la vida cotidiana de Roma. Lejos de los grandes monumentos y de las rutas turísticas más concurridas, estos mercados ofrecen una experiencia genuina donde los romanos realizan sus compras diarias y mantienen vivas tradiciones centenarias.

Los mercati rionali se encuentran repartidos por toda la ciudad y destacan por la calidad de sus productos frescos. Entre sus puestos es posible encontrar frutas y verduras de temporada, quesos artesanales, embutidos, pescados, carnes y una amplia variedad de especialidades regionales italianas. Los vendedores suelen atender personalmente a sus clientes, creando un ambiente cercano y animado que refleja el carácter mediterráneo de la capital italiana.
Uno de los más conocidos es el Mercato Trionfale, situado cerca del Vaticano. Con cientos de puestos, es considerado uno de los mercados cubiertos más grandes de Italia y constituye un excelente lugar para degustar productos locales y conocer la gastronomía romana.

Via Baccina con el Foro al fondo..
Además de su interés gastronómico, los mercados de barrio permiten observar la vida diaria de la ciudad. El bullicio de las conversaciones, los aromas de los productos frescos y el ir y venir de compradores y comerciantes ofrecen una imagen auténtica de Roma que difícilmente puede encontrarse en los principales atractivos turísticos.

Via Baccina.
Para el viajero, una visita a un mercato rionale es una oportunidad perfecta para disfrutar de un desayuno italiano, adquirir productos típicos o simplemente sumergirse en la cultura local. En una ciudad famosa por su historia milenaria, estos mercados siguen siendo un punto de encuentro fundamental y una ventana privilegiada a la verdadera alma romana.

Via Baccina.
Pero, concretando más, el que hemos visitado y proponemos desde aquí es el Mercato Rionale de la Via Baccina. En el número 36.

Calle perpendicular a Via Baccina.
Comer en este mercado es de lo mejor que hemos hecho estos días en Roma. Cuando llegas, ves que hay cola de gente esperando para comer. Por un lado, te anima porque piensas que si hay tanta gente es que se come realmente bien. Por otro, te pasa por la cabeza que -a lo mejor- tienes que hacer una espera muy larga.
Pero, no. Mucha gente que va es a llevarse la comida para comer en su casa. Los que comimos allí somos muchos, pero hay mucho sitio y te sirven rápido. Es increíble, pero cierto.
Pedimos un plato para cada uno de los cuatro comensales que éramos. Primero queríamos ver si las raciones eran abundantes o de degustación. Y, sí que eran abundantes. Con un plato comías más que suficiente para una persona, un día de calor y teniendo que pasear (como hacen los turistas).

Polpette al pomerigio.
No obstante pedimos una ración de «polpette» (albóndigas) al centro. Unas albóndigas en salsa de tomate por recomendación de uno de los dependientes de unos de los puestos del mercado. Siempre he estado en contra de comer albóndigas con salsa de tomate. Pero, debo reconocer que en este caso la salsa estaba incluso mejor que las «polpette«.

Gnochi cinghiale pistascchio mandorle e radiccio.
Mi plato fue «gnochi cinghiale pistascchio mandorle e radiccio» (ñoquis con jabalí, pistacho, almendras y rábano). Los mejores que he comido en toda mi vida.

Ravioli cacio e pepe.
Otro de los platos que se pidieron (cada uno pedimos uno, pero todos probamos los de todos) fue «ravioli cacio e pepe» (raviolis con queso y pimienta). Un clásico riquísimo.

Bigoli carbonara.
El tercero de los platos elegidos fue «bigoli a la carbonara«. Y, el cuarto «bigoli a la amatriciana«. Los «bigoli» son una especie de spaguetti más gruesos de pasta fresca que admiten mejor las salsas y se ingieren de forma más agradable que la pasta normal.

Bigoli amatriciana.
Además, pedimos una botella de vino y agua para los cuatro: el coste de todo fue 52€. Muy bueno, muy bonito y muy barato.



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