Minaya es el punto medio de una ruta mía muy recurrente: de Madrid a Alicante o Murcia o de vuelta. Así que, a veces, aprovecho y como allí. Normalmente, en el Cubillo de Javier, del que ya os he hablado.
En este caso, lo intenté, pero estaba cerrado. Algo que nunca me había pasado y desconozco el motivo. De manera que tuve que buscar una alternativa.
Lo más cercano era un restaurante en el mismo pueblo. Un restaurante por delante del que paso en muchas ocasiones, pero nunca me paro. Y, suele haber gente. Bastantes coches aparcados en el parking de delante del edificio.
Se trata de otro restaurante tradicional de carretera que sobrevive al progreso. Antes la carretera general era la que llevaba el tráfico y ahora es la autopista AP-36, de la que te tienes que salir si quieres comer, porque en la autopista no hay ningún restaurante, hasta llegar a Madrid por la R-4.

Empecé por un salmorejo. Aunque creo que alguien se ha equivocado. Era simplemente un gazpacho andaluz al que han añadido un picadillo de huevo duro y jamón. Como gazpacho estaba aceptable.

Después he pedido unas alcachofas con bacón. Muy bien presentadas. Con su reducción de vinagre de Módena. Aceptables.

Le ha seguido unas brochetas de pollo. Buenas, sin más. Pero, necesitaba más.

Un plato de panceta a la brasa que no estaba demasiado bien. La carne estaba medio cocida y los puntos donde el grill la tocaba, estaban quemados. No me ha gustado.

Finalmente, como suelo hacer, he pedido un pan de Calatrava. No me ha gustado: estaba muy seco en la base y muy dulzón por encima.

Por lo que he pedido unos profiteroles con chocolate. Esto si que estaba bueno.
Mi recomendación es que pares a comer aquí si no tienes otra opción. Se puede comer, pero no es santo de mi devoción.



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