La Posada bar-restaurante, Aranjuez.

Siempre que voy a Aranjuez me pasa lo mismo: descubro un sitio (bar, restaurante, tienda de alimentación, frutería…) que me sorprende gratamente. En este caso, hemos ido a visitar el…...

Siempre que voy a Aranjuez me pasa lo mismo: descubro un sitio (bar, restaurante, tienda de alimentación, frutería…) que me sorprende gratamente.

En este caso, hemos ido a visitar el Mercado del Barro, que se acompañaba de actuaciones en vivo de grupos musicales (parece que con motivo de una fiesta del vermú).

Tras el rato dedicados a la alfarería y sus veleidades, hemos decidido ir de tapas. A pocos metros de la ubicación del Mercado del Barro, te encuentras con una zonas repleta de bares y restaurantes donde recuperar el cuerpo y el alma.

Entre los muchos que hay en la zona, decidimos sentarnos en la terraza de éste: La Posada-Tapas. Una estancia agradable entre el sol y la sombra, pertrechados por la arboleda del bulevar central de la calle que cuenta con amplias aceras donde colocar mesas, silla y sombrillas o toldos (según el caso).

Una cervecita para empezar y el camarero (creo que su vez era el dueño del local) me ofrece unos espárragos trigueros. A lo que de primeras digo que no.

Después veo varios platos correr ante mí y le digo que me los enseñe. Y lo hace con la intensidad que veis debajo.

No se puede decir que no a este señor. Él nos decía que los espárragos son de la huerta de Aranjuez y que son un espectáculo. Un expresión que -a priori- te parece poco adecuada para un ser que -por muy buena que sea la calidad- es un ser inanimado.

Pero, finalmente, tengo que darle la razón: las expresiones de todos los que estábamos comiendo los espárragos a la plancha con su sal gruesa eran semejantes. Todo interjecciones relacionadas con el placer: realmente el espectáculo lo dábamos los clientes. Buenísimos. Los mejores que comido en mi vida.

Jugosos, nada fibrosos, tiernos como carne de cordero lechal. Con poco sabor a verde y un sutil sabor a espárrago que nada tiene que ver con otros que me he comido fresquísimos también.

Seguidamente, tras pensar varias veces en pedir otra ración y, quizás, otra más, pedimos un plato de sepia a la plancha que no desmerecía en absoluto. Muy buena. Muy bien hecha. Conforme se enfriaba, no se endurecía.

Como tapa final (no del día, sino del bar) pedimos unas gambas con gabardina (caballitos las llaman en Murcia) excelentes: buen rebozado, fino y la gamba fresquísima (o muy bien congelada porque no echaba en absoluto gustazo como muchas otras).

Muy recomendable. Situado en la C. de San Antonio, 70, 28300 Aranjuez, Madrid.

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